Recordando a Mario Benedetti

Friday, January 08, 2016

UN POEMA CHAUVINISTA





UN POEMA CHAUVINISTA


Un poema
tiene que ser
la síntesis muscular
de un brazo
saludable y fuerte
según la tesis
de un poeta
futurista
italiano;
o la fuerza
que atraiga,
al centro
del ojo
magnético,
la discordia
de todas
las multitudes
de curiosos
personajes
enloquecidos
y otras raras
especies, o
el circo
en donde éstos
puedan
enfrentarse
a puñetazos
adentro
del poema,
o que, al menos,
este sea capaz
de anunciar
la buena
vieja
de lo nuevo,
poniéndole
un rostro
a su autor
en el camino,
creando
a su alrededor
una aura
de misántropo
y misterioso,
porque, aunque
no lo creas,
eso pega bien
con las mujeres
divorciadas
y con las viudas.
 










EL POETA MALDITO


Los otros poetas
eluden pronunciarse
sobre tus desmadres
poéticos, quizá
no quieren
darte duro
por los testículos
hiriendo
la omnipotencia
de tu ego
de poeta maldito,
y vas por ahí
como buque
de guerras próximas.

Maldices,
condenas
el estado actual
de la poesía
con ínfulas
de gran crítico,
pero la inocultable
deficiencia
de tu léxico
delata,
en tu pobreza,
a tus lecturas:
Ezra Pound,
Borges, Neruda
o “Las tierras
baldías”
de T. S. Eliot.

Fueron sólo la hiedra
en las paredes
que se ramifican
en la mirada
arañosa
de los libreros
de tu cuarto…
y ¿La Dickinson?
¿La virgencita
provinciana
de Nueva
Inglaterra? Ah, pero,
qué carajo
importa, porque
te llevas
mucho mejor
con los pobres
poetas negros
que temían
al diablo
y hablar de árboles
y noches, pero
bailaban blues y jazz
como poseídos
por espíritus
nocturnos. Esos
son los cuervos
que se comen
tu insomnio,
esas son las aves grises
¡de tu especie!






Déjenlo soñar
 
Déjenlo soñar y vivir 
tranquilo
con “los corotos”
volándole
como pájaros
en la cabeza.
 
¡Por favor!
 
No lo amenacen
con romperle
la cara, 
la puerta
o el corazón
a pedradas.
 
Ese hombre,
esa mujer,
recorre
cada noche
el Éxodo
con las baquetas
encima
escuchando
la miseria
de su tambor
decir 
que, un ojo 
y una perla
son la misma
cosa y que 
una piedra
es un trozo
de orín divino.
 
Señor Usted
carcelero,
burócrata
del sufrimiento
crítico,
cuello estirado
de buitre
inteligente,
profesores
y académicos
de pachos
en el culo,
déjenlo soñar
tranquilo.
 
Mastica
sin dentadura
el caviar
de sus muertos,
como también
sus vivos,
saboreando,
libando
ajenjo 
poético
con los vasos 
de los dedos.
 
¡Por favor!
 
Déjenlo crear
y vivir
en su paraíso
de papeles
y voces.
 
Después, 
no se preocupen,
si quieren
pueden 
llamarle cabrón
  o loco. 
 
Daniel Montoly© 
 
Obras del artista congolés, Chéri Samba. 
 
 




 

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